Mostrando entradas con la etiqueta monólogo interior. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monólogo interior. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de marzo de 2011

La búsqueda del ombligo

Quise nacer prostituta pero no pude, en su lugar nací hacedora de textos, poeta o soñadora, lo que prefieran. Sin embargo cada que ellos me acarician me sé diferente, me siento especial porque soy objeto de su deseo, después me siento miserable por la misma repugnante razón.

Pero si volviera a nacer, si me dieran a escoger, elegiría ser prostituta. Así sin más, sin culpas, sin autoflagelaciones, sin esos sentimientos que son como telarañas, sin esa vacuidad después del acto sexual, sin sus miradas que me compadecen, sin sus palabras lastimeras.

Quise nacer psiquiatra, arqueóloga, astrónoma, bióloga, cineasta, filósofa, actriz, cantante, vagabunda, sacerdote; quise nacer hombre, luego mujer, me vi mujer, me viví mujer y entonces lo supe; desde un principio mi nombre debió ser Santa, debí llevar todo este tiempo mi cabello largo y perfumado, mis uñas largas, mis tacones altos, mi piel de porcelana y mi tacto de algodón.

Pero ya será, en mi próxima vida será.

Días multicolor

Días como hoy encuentro el paisaje maravilloso sobre todo porque me llegan todos esos recuerdos de cuando podía apreciar el panorama como surgido de un libro de realismo mágico, cuando el olor putrefacto significaba una exótica y a veces castrante pero encantadora peculiaridad de esta ciudad.


Días como hoy que escucho el Nocturno de Chopin pero a su vez el canto de las aves, que aderezan el si con un la; pero a la vez las máquinas demoledoras de antigüedades, de esas casas porfirianas de cuando un intento por pertenecer a cualquier otro lugar, excepto aquí.

Días como hoy tengo la intención de salir a mi azotea y llenarla de colores, cubrirla de burbujas como aquella tarde en el museo, como aquel día en que mi infancia me hizo justicia y me dejó jugar no sólo con burbujas, sino con explosiones multicolor.

Días como hoy en que te llevo muy adentro pero no lo sabes, en que soy tu sonrisa pero se esfuma con el paso de las horas.

Días como hoy en que soy de todos, un poco de agua, un tanto de brisa, una pizca de cielo y un mucho de ti.

jueves, 14 de enero de 2010

Monólogo interior

Regresó la imagen fría; de nueva cuenta cometí un error. ¿Te has sentado a disfrutar del viento helado sobre tu casa? al menos ahora vuelvo a escribir. Todo pasa y me hago diminuta, lo único que buscaba era una salida, pero no ésta.

Continúa ese mi monólogo interior con la excepción de que no, ahora no sé donde colocar los puntos y las comas, perdí el sentido, perdí el orden. Todo permanece alineado bajo el polvo estelar menos yo. Sin señales, sin idea alguna de dónde empieza o cómo termina la historia.

Quizá me perdí en otro tiempo, cuando la tierra aún era caliente y el espacio aún no había sido descubierto por el hombre, momento ahí. No había hombres. Por el momento quiero sentarme a leer un poco de ciencia ficción, quizá un poco de Lois McMaster y sus “Fronteras en el infinito”, y entonces perderme entre aventuras espaciales. Regresar a mi estado etéreo…

Tan tan- tan tan-tan tan mi cabeza está a punto de explotar, siento esa presión condesada en las venas de mi cara, ¿o arterias?, ¿cuál es la palabra correcta? No importa, no pasa nada si no uso el término adecuado; después de todo es mi monólogo. ¿Cierto? Yo decido dónde acaba y dónde termina. Entonces a cabo de resolver aquello del fin de la historia, yo lo decido. ¿Cuánto tiempo tuve que esperar para darme cuenta qué? Yo decido el clímax y el desenlace. Yo creo y recreo a los personajes o los desaparezco da igual.

Para entonces, quiero decir para ahora ya no quiero leer más sobre ciencia ficción prefiero a Kant o a Heidegger, sí sentarme un segundo a su lado y que me cuente sobre el Ser y el tiempo o por qué no, debatir con Merleau Ponly sobre la verdad absoluta, y desvariarnos, posicionar nuestro pensamiento como en el limbo.

Hoy mis zapatos altos lucía hermosos y yo encantadora sobre ellos y montaba reacciones y desdibujaba sonrisas y le aplaudía a los vagos que caminan con sus perros vagos y su cabello enmarañado como el mío, como la grieta de la pared de mi sala, como el destello de tus ojos que ante todo me aman, como los dragones que se forman con las nubes. Como los sentimientos en neblina, tal como yo borrosa y oxidada. De historias ambiguas, de lo que llevo pensando en cincuenta minutos, bajo la luz blanca de una pared blanca, que se fusiona con el verde. Con mariposas, máscaras y gatos que no maúllan, que no mueven su cola como seduciendo extraños, que no ronronean después de suaves caricias. Que acallan mi monólogo, que quiebran el hilo conductor de mi historia y me incitan a un plano desenlace.